¿En qué se parecen la cocina y el diseño gráfico?

Una de las ideas que dejó Bruno Munari, genio del diseño italiano ya fallecido, es que diseñar es tan simple como cocinar. Se trata de dos actividades en las que se puede conseguir un resultado simplemente espectacular, tan solo siguiendo un método u orden lógico. En contrapartida, si se omiten los pasos a seguir en el proceso, el resultado puede ser catastrófico.

Cuando se está cocinando, si no se realiza una parte del proceso, el plato puede no salir. Esto ocurre por ejemplo si no se utilizan los ingredientes necesarios, no se respeta el tiempo de cocción o la cantidad de condimentos que se requieren.

Como en la cocina, en el diseño gráfico es fundamental probar

Sin embargo, son muchas las personas que a la hora de cocinar, deciden improvisar un poco y no seguir la receta al pie de la letra. Siempre que se tenga un poco de experiencia se puede arriesgar en cierta manera. Pero algo fundamental es ir siempre probando lo que se está preparando, por si hay que corregir algo.

Pues bien, en el ámbito del diseño debería ser más o menos igual. De entre los pasos que propone Munari en el proceso de diseño, el décimo es la verificación. Pero por desgracia, probar una cucharada de un plato que se está preparando es mucho más fácil, rápido y económico que verificar una propuesta de diseño de vinilos para frigoríficos.

¿Qué son las pruebas de concepto?

Pero si prácticamente nadie llevaría un plato a su mesa sin haberla probado antes, igual de importante es ofrecer a los clientes un diseño que se ha verificado antes. Para verificar un diseño es necesario exponerlo a su receptor, y cerciorarse de que en efecto, le transmite aquello por lo que se crea. También es necesario qué hace sentir este diseño en los clientes, y qué actitudes y opiniones les suscita.

Esto es lo que se llama pruebas de concepto, que consisten en técnicas de investigación empleadas a la hora de crear ideas y conceptos de comunicación, aplicadas con productos gráficos en su etapa final o cercana al final, y que se muestran a una parte del receptor de la comunicación. Resultan especialmente útiles cuando se tienen varias propuestas por delante, y no se sabe cuál puede resultar la más efectiva.

¿Para qué sirven estas pruebas?

Las pruebas de concepto sirven entre otras cosas para medir preferencias, haciendo una valoración general acerca de cuánto puede hacer querer probar o comprar la marca. Se puede valorar también la singularidad en una escala del 0 al 10, y la consistencia u oportunidad (si para la marca o el emisor es importante que la estrategia creativa sea consistente o refleje valores).

Finalmente las ideas o conceptos deben ser clasificados por los encuestados, cuando se les pida que agrupen aquellos que les parezca que significan lo mismo. Una etapa especialmente importante dado que revela si los conceptos representan la misma estrategia de posicionamiento, u otra distinta. Esto es lo que se conoce como similitudes de clasificación.

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